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Los retos virales peligrosos: cuando el algoritmo premia el riesgo


En diciembre de 2021, Nylah Anderson, una niña estadounidense de 10 años, murió tras intentar el llamado "reto del desmayo" (blackout challenge), que consiste en asfixiarse hasta perder el conocimiento y que circulaba en videos de TikTok. Su madre demandó a la plataforma, y en agosto de 2024 un tribunal federal de apelaciones de Estados Unidos dictaminó que la empresa podía ser responsable no por alojar el contenido, sino por haberlo recomendado activamente a la niña a través de su algoritmo. La decisión abrió una grieta en la protección legal que durante décadas ha amparado a las plataformas digitales, y volvió a poner en el centro un fenómeno recurrente: los retos virales peligrosos.


Los retos o challenges son una forma característica de la cultura de internet. La mayoría son inofensivos, y algunos incluso solidarios: en 2014, el Ice Bucket Challenge, en el que la gente se arrojaba un cubo de agua helada, recaudó más de 100 millones de dólares para la investigación de la esclerosis lateral amiotrófica. Pero otros implican riesgos serios. En 2018, el "reto de las cápsulas de detergente" llevó a adolescentes a morder paquetes de jabón para la ropa, lo que provocó cientos de llamadas a los centros de toxicología de Estados Unidos. En 2020, la agencia estadounidense de medicamentos (FDA) advirtió sobre un reto que incitaba a consumir grandes dosis de un antihistamínico para provocar alucinaciones. En México, en 2023, las autoridades educativas y sanitarias alertaron sobre el "reto del clonazepam", en el que estudiantes de secundaria consumían este medicamento para ver quién resistía más sin dormirse, y que terminó con varios menores hospitalizados.


¿Por qué se propagan? Los estudios sobre viralidad muestran que el contenido que provoca emociones intensas, como la sorpresa, el miedo o la excitación, se comparte más. Los retos combinan además varios ingredientes psicológicos poderosos: la búsqueda de reconocimiento social en forma de vistas y "me gusta", la presión de grupo, la sensación de pertenecer a una tendencia y, en el caso de los adolescentes, una etapa del desarrollo cerebral en la que la sensibilidad a la recompensa social es especialmente alta y el control de impulsos todavía está madurando. Los algoritmos de recomendación, diseñados para maximizar el tiempo de visualización, pueden amplificar ese contenido si genera interacción.


El fenómeno tiene, sin embargo, un componente de pánico moral que conviene no ignorar. Algunos retos que se difundieron como amenazas masivas, como el llamado "reto Momo" en 2019, resultaron ser en gran medida bulos: las advertencias de padres, escuelas y medios circularon mucho más que el supuesto reto en sí. Paradójicamente, la cobertura alarmista puede dar a conocer un reto a más niños que el propio contenido original. Los especialistas en seguridad digital recomiendan por eso informar con cuidado, sin describir los métodos peligrosos ni amplificar contenidos de dudosa existencia.


Las respuestas combinan regulación, diseño y educación. Las plataformas afirman eliminar los contenidos peligrosos y redirigir las búsquedas de retos conocidos hacia mensajes de seguridad, aunque sus críticos sostienen que reaccionan tarde. La Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea obliga a las grandes plataformas a evaluar y mitigar riesgos para los menores. Y la mayoría de los expertos coincide en que la herramienta más eficaz sigue siendo la alfabetización digital: conversar con niños y adolescentes sobre lo que ven, enseñarles a cuestionar lo viral y crear entornos donde puedan pedir ayuda sin miedo.


Los retos peligrosos muestran el lado oscuro de la economía de la atención: cuando lo que se premia es llamar la atención a cualquier costo, el riesgo se convierte en espectáculo.


Fuentes: Tribunal de Apelaciones del Tercer Circuito de EE. UU. (Anderson v. TikTok, agosto de 2024); Bloomberg Businessweek (2022); Asociación Estadounidense de Centros de Control de Envenenamientos; Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA, 2020); Secretaría de Educación Pública de México (2023); ALS Association; Comisión Europea (Ley de Servicios Digitales). 

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