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Cuando un chándal Nike convierte la captura de Maduro en campaña global

La imagen parecía diseñada para la historia: Nicolás Maduro esposado, ojos cubiertos, orejeras de protección y, encima, un conjunto deportivo gris de Nike Tech Fleece. 



La fotografía, difundida por Donald Trump a bordo del buque estadounidense USS Iwo Jima, buscaba mostrar el cambio de poder geopolítico. Sin embargo, buena parte de la conversación pública se desplazó hacia un detalle inesperado: el outfit del expresidente venezolano. La política se narró, otra vez, a través de la ropa.

El conjunto que lleva Maduro pertenece a la línea Nike Tech Fleece, una de las gamas premium de la marca estadounidense. Sudadera Windrunner y joggers se venden por separado, pero juntos rondan los 260 dólares, según detalla la prensa especializada en estilo de vida. El diseño combina algodón y poliéster reciclado, pensado para ofrecer abrigo ligero y una estética urbana de alto estatus. Tras la difusión de la foto, la versión gris similar a la de Maduro se agotó rápidamente en la web de Nike y en varias tiendas, empujada por una ola de búsquedas y compras impulsivas.

Los titulares lo bautizaron como “Maduro Fit” y lo proclamaron, con ironía, el primer outfit viral de 2026. Medios y cuentas de moda analizaron el corte de la sudadera, los materiales, la paleta de color y hasta la “versatilidad” del conjunto para el streetwear. Al mismo tiempo, Google Trends registró un pico de interés en el término “Nike Tech” y las redes se llenaron de memes, tutoriales para recrear el look y montajes que mezclaban al dirigente venezolano con raperos, futbolistas o modelos. El dispositivo viral transformó la captura de un líder acusado de narcoterrorismo en una especie de pasarela involuntaria.

Detrás del chiste hay una historia de poder simbólico. Una marca global asociada al rendimiento, la juventud y el éxito deportivo quedó pegada a la imagen de un mandatario que construyó su legitimidad sobre la denuncia del “imperio” estadounidense. Como recuerda un análisis para la prensa española, una firma denostada por el chavismo terminó convertida en la protagonista silenciosa de la fotografía más difundida del año. Para Nike, el efecto equivale a una campaña publicitaria millonaria sin haber invertido un solo dólar; para la opinión pública, el logo funciona como recordatorio de que incluso los enemigos declarados del capitalismo de consumo participan de su imaginario aspiracional.

El artículo de The New York Times en español —al que remiten diversas coberturas posteriores— subraya otro elemento: cómo procesamos las crisis a través del humor y la moda. Expertos en cultura digital señalan que, ante acontecimientos sísmicos, los usuarios recurren a los memes para reducir la ansiedad y encontrar un punto de entrada menos confrontativo. Es más fácil opinar sobre un chándal que sobre un operativo militar encubierto, las acusaciones de narcotráfico o el futuro político de Venezuela. El debate sobre el conjunto se convierte así en una puerta lateral para hablar —o evitar hablar— de temas mucho más incómodos.

La elección del chándal también pone en juego una tensión de clase. Mientras millones de venezolanos han vivido años de escasez, inflación y deterioro salarial, el precio del conjunto —unos 260 dólares— equivale a varios meses de ingreso para buena parte de la población. Algunos usuarios subrayaron esa contradicción: el líder de un país empobrecido detenido con una prenda que simboliza el consumo urbano de élite. Al mismo tiempo, el deseo por el look se disparó en mercados lejanos, donde el contexto político pesa menos que la promesa de pertenecer a una estética global de éxito y comodidad.

Desde la lógica del discurso del poder, la foto funciona como pieza central de un storyboard cuidadosamente montado. Trump y la Casa Blanca difundieron la imagen para escenificar control, eficacia militar y justicia frente a un enemigo declarado. Sin embargo, el encuadre elegido —informal, casi doméstico— produjo un efecto inesperado: en vez de un villano solemne, el mundo vio a un hombre de mediana edad con ropa cómoda y auriculares, casi como cualquier pasajero de aeropuerto. Esa disonancia visual alimentó la viralidad, pero también desdibujó por momentos la gravedad del hecho político que se intentaba comunicar.

Si se dibuja la escena como guion de comunicación, la secuencia es clara. Acto uno: captura de alto impacto geopolítico, con un líder esposado rumbo a Estados Unidos. Acto dos: el foco de las audiencias se desplaza hacia el tracksuit, que se convierte en objeto de deseo, burla y análisis estético. Acto tres: Nike y el ecosistema de consumo capitalizan la atención, mientras el sufrimiento de la sociedad venezolana vuelve a quedar en segundo plano. Lo viral reescribe dónde miramos y, sobre todo, dónde dejamos de mirar cuando se cruzan política, moda y mercado.

Crédito de la fuente:
Basado en la cobertura de The New York Times en español sobre el conjunto Nike de Nicolás Maduro (7 de enero de 2026) y en notas derivadas sobre el fenómeno viral del Nike Tech Fleece, entre ellas El Debate, El Financiero, El País Uruguay y KCH Comunicación. 

Redacción

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