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Tener trabajo ya no significa necesariamente estar saliendo de la pobreza

 

Hay personas que no están desempleadas y aun así no les alcanza para comer. Se levantan temprano, toman transporte, cumplen una jornada completa, reciben un salario y regresan a casa sabiendo que tendrán que buscar otro ingreso. Durante mucho tiempo imaginamos la pobreza y el desempleo como problemas casi inseparables. La realidad laboral mexicana muestra algo más incómodo: también se puede trabajar y seguir siendo pobre.

México incluso tiene un indicador específico para observar este fenómeno. El entonces CONEVAL definía la pobreza laboral como la situación en la que el ingreso proveniente del trabajo de un hogar no alcanza para adquirir la canasta alimentaria de todos sus integrantes. Al cierre de 2024, 35.4% de la población se encontraba en esa condición. En las zonas rurales la proporción alcanzaba 50.7%.

Esto no significa que los avances salariales hayan sido irrelevantes. Entre 2023 y 2024 hubo periodos en los que aumentó el ingreso laboral real y disminuyó la pobreza laboral. El salario mínimo también ha experimentado una recuperación considerable. Pero el dato revela algo fundamental: tener una ocupación y tener seguridad económica son dos categorías diferentes. Un empleo puede existir y seguir siendo insuficiente para sostener las necesidades de un hogar.

Entonces aparece el segundo trabajo. Vender algo por internet después de salir de la oficina. Conducir algunas horas para una plataforma. Trabajar los fines de semana. Atender un pequeño negocio familiar por las noches. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI incluso incorpora módulos específicos sobre trabajo secundario, búsqueda de otro empleo, horas trabajadas e ingresos, porque la realidad laboral no siempre cabe dentro de la imagen tradicional de una persona con un solo empleo.

El costo no se mide únicamente en pesos. Cada hora adicional utilizada para generar ingresos sale de alguna otra parte: descanso, convivencia, ejercicio, cuidado, formación o sueño. La precariedad puede convertirse así en un problema de tiempo. No solamente faltan recursos; también empiezan a faltar horas. Y cuando el margen económico es pequeño, una enfermedad, una reparación inesperada o varios días sin trabajar pueden desordenar rápidamente todo el presupuesto.

Esto ayuda a entender por qué frases como “el que quiere salir adelante trabaja más” pueden resultar demasiado simples. Trabajar más puede incrementar los ingresos, pero también existen límites físicos y temporales. Una persona solamente dispone de 24 horas al día. El problema económico comienza cuando mantener un nivel básico de vida exige vender una proporción cada vez mayor de ellas.

Durante generaciones, el trabajo fue presentado no solamente como una obligación sino como la principal ruta hacia la estabilidad. Esa relación sigue existiendo para millones de personas, pero ya no puede darse por sentada. Quizá una de las preguntas sociales más importantes no sea cuántas personas tienen trabajo, sino cuántas pueden construir una vida digna con el trabajo que tienen.

Fuentes: CONEVAL, Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza 2024; INEGI, Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo; OECD Employment Outlook 2025.

Redacción

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