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sábado, 10 de abril de 2021

Listas de candidatos, prófugos de la justicia

 



Xabier Gutiérrez, columnista, comenta que Iba a comenzar señalando que nunca se había visto tanta basura junta en las boletas electorales, pero no, me corrijo, hemos visto otras elecciones parecidas.

 

Como que es una tendencia a la baja. Una espiral descendente municipal, estatal y nacional. No tiene freno. En cada elección vamos más a fondo.

 

Como en todo, no es correcto generalizar. Aquí en Puebla hay candidatos que quizá no pasan de diez, de nivel respetable. Pero la otra balanza está muy cargada.

 

La baja calidad de candidatos es característica de todos los partidos. Ninguno escapa, van de lo pésimo al subsuelo.

 

Y hay infecciones que les son comunes. Una de ellas es la reelección. Vía legal, es cierto, pero nefasta en nuestro sistema político.

 

Por razones muy elementales: en este país, como en muchos, pero en el caso nuestro con heridas históricas muy graves, la reelección ha sido y es sinónimo de abuso, enriquecimiento, y dictadura.

 

Ha sido la puerta para la egolatría, la rapiña, montañas de corrupción y dinastías de guarache.

 

Lo hemos visto y los vemos en los sindicatos, en las directivas de toda organización pública o privada, y en los puestos de elección. Multitud de veces disfrazada, por el infame camino de promover y “elegir” a esposas, concubinas, hijos, sobrinos y nietos de los poderosos.

 

El nepotismo en variantes inagotables, a la mexicana.

 

La otra razón: están en el poder y de ahí se sirven para repetir.

 

Si tuviéramos una escala ética y un sistema de justicia nórdico, claro que funcionaría la reelección, como opera en muchas de esas naciones.

 

Aquí sabemos que no ocurre tal. “Es chillón el chamaco, y le dan pellizco…”

 

Veremos por trasmano el insaciable acarreo de recursos municipales, estatales o federales para alimentar camarillas de insaciables presupuestívoros.

 

Mención aparte los casos de candidatos patrocinados total o parcialmente por las mafias de la delincuencia.

 

A diario vemos en los medios muestras de cinismo con aspiraciones electorales.

 

La colección de especímenes que desfilan en el empedrado camino de la desfachatez es inmensa.

 

Aquél que robó de modo insaciable, en provecho de socios, amantes, hijos y cómplices, sigue voraz por una diputación.

 

Aquella simuladora glotona que, insatisfecha, hereda el mismo ropaje a su descendencia en cada elección.

 

Aquél que estuvo en la ubre tres años o más, con repudiables calificaciones, regresa por otro cargamento.

 

Este otro que impúdicamente ayer militaba en un partido y sin el mínimo escrúpulo hoy se pone otra casaca porque su voracidad no tiene fin.

 

Aquél de allá, inflado como sapo de fango, que ya fue alcalde dos, o hasta tres veces, y nuevamente quiere, mostrando su destreza para navegar en mares de excremento

 

Este, que fue sirviente, cómplice, tapadera y socio de latrocinios de Moreno Valle, hoy se aferra al hueso en otra modalidad que ya tuvo.

 

Estos que con la mayúscula desvergüenza callaron ante los atropellos y abusos del dictadorcillo muerto, hoy “velan por la moral pública” clausurando obras en el zócalo, o se quedan mudos ante las raterías millonarias de los ex senadores panistas Cabeza de Vaca, Jorge Luis Lavalle y Roberto Gil Zuarth.

 

Aquel otro, genio para el tráfico de intereses y ávido eterno de moches, arreglos oscuros, y exitosísimo actor de componendas a nombre de su partido, hoy puestísimo para servir al gobernador que le garantiza impunidad eterna.

 

En fin, la ejemplificación es ilimitada. Casi por donde se le pinche con un alfiler brota la corrupción purulenta.

 

Y esta condición es epidémica. Todos los partidos sufren la misma infección. Unos más que otros, con mayor o menor disimulo. Y ocurre en todos los estados.

 

La imaginación satírica con toda facilidad nos lleva a imaginar estas interminables listas de aspirantes, con sus uniformes a rayas y en situación de prófugos de la justicia.

 

Y mientras ellos empiezan a brotar aquí, allá y acullá, van del tingo al tango de modo desvergonzado pidiendo el voto.

 

Esto, señores, también es corrupción, vulgar corrupción.

 

La corrupción no es sólo traficar con el poder, desde el poder, hacer fortuna fácil violentando las leyes o protegiendo a la delincuencia. No, también tiene esta cara que ahora vemos en tiempo de elecciones.

 

Muy difícil elegir entre lo malo y lo peor…


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